¿Quién soy yo?
Esa es una pregunta que de vez en cuando me tengo que hacer…
¡Qué boba!, pensaréis, no dice que no sabe quién es…
¡Pues si señoras y señores, soy muy boba!, porque a veces se
me olvida.
Y se me olvida porque de vez en cuando dejo que la vida y las circunstancias
me lleven, y pierdo lo más importante que tengo… ¡A mí misma!, me pierdo por
los caminos… aunque también es cierto que cada vez me cuesta menos reencontrarme.
Hubo un momento, hace años, en el que hice un crack. Un día en el
que me hundí.
Por supuesto hubo una
gota que colmó mi vaso…pero no fue más que eso, una gota… demasiado tiempo llenando
sin vaciar… caminando sin rumbo, a trompicones… como un barco desarbolado…
Pasé un tiempo perdida, hasta que alguien me abrió los ojos
y me descubrió el ábrete sésamo… Conócete a ti misma… encuéntrate en el camino,
y a partir de ahí no te abandones nunca. Después di más pasos, detrás hay mucho
más… Pero esa fue la clave que me ayudó a iniciar el despegue, y volver a
tripular mi barco.
Y vas y te crees que ya estás, que una vez que lo tienes
claro es para siempre… y luego te das cuenta que no.
Un día cualquiera te encuentras en tu cuarto preguntándote que
qué está pasando, que, porque no te salen las cosas como quieres, que porqué te
has discutido con tu hermana, que porqué estás nerviosa. Y no ves que pasa, y
buscas y buscas y vuelves a buscar… y de nuevo vas y te vuelves a encontrar y te
dices ¿Pero ¿dónde te habías ido? ¿y cuándo, que no me di cuenta? Y me vuelvo a
dar cuenta que sin mí no puedo.
Cuando estoy presente, cuando tengo conciencia de mi ser,
las cosas funcionan. No lo es todo…pero si es la base a partir de la cual todo
lo puedo.
Llegados aquí no puedo por menos que decir, porque si no, no
me sentiría cómoda, que todo este camino siempre he sentido que no lo hago
sola. Sé que Dios está conmigo, y que él me manda muchos ángeles en forma de
personas que me acompañan en mi día a día… Pero esto último es algo que
probablemente desarrolle en otro momento, así que no profundizaré.
Y ¿cómo me encontré?, ¿cómo comencé en este camino del
autoconocimiento? Como pude, diría yo. Leyendo libros, preguntando, escuchando
a los demás, escuchándome a mí misma, aprendiendo a leer en mis emociones, en
mi cuerpo, buscando ayuda…y permitiéndome ser quien soy. Aceptando quien soy, e
incluso quien no soy. Aceptando que soy responsable de mi vida, y no culpando a
nadie. Aceptando a los demás como son. A trompicones a veces, y más de corrido
en otras…caminando, cayendo, y volviendo a caminar.
Y cuando crees que ya has llegado, que te conoces a fondo…de
repente descubres un recoveco que no habías visto. Y entonces ves a alguien a
quien admiras, y piensas que está años luz de ti, en cuanto a trabajo personal
se refiere, la ves derrumbarse y deshacerse en lágrimas porque se ha dado
cuenta de algo que no sabía de ella misma. Es entonces cuando sonríes, y te das
permiso para que también a ti te pase, porque si a ella le ocurre… ¡cómo no a mí!
A veces nos preocupamos
más por ser lo que los demás quieren que seamos, que en ser quien nosotros
queremos ser. En el afán de ser aceptados, nos olvidamos de ser aceptados por
la persona más importante en nuestra vida…por nosotros mismos.
Por que a veces habrá que elegir entre varios y otras a penas verás el sendero, o será muy empinado, o cuesta abajo
¡La buena noticia es que cada vez que caes y te levantas,
caminas más sabio y más fuerte…y las piedras se pueden hacer más grandes…pero tú
también eres más grande, por lo que no hay nada con lo que no puedas!
Y piensas… ¿esto no se acaba nunca? Y te respondes…debe ser
que no… y eso es lo que hace que la vida valga la pena. Que te mantengas en
tensión, y te recuerdes continuamente que no lo sabemos todo, que nos
equivocamos, y esos errores nos pueden hacer más tolerantes y comprensivos con
los demás…porque ellos también están en el camino.



